León XIV instó este sábado al Partido Popular Europeo (PPE) a recuperar el espíritu fundador de la Unión Europea, reforzar sus raíces humanistas y cristianas y volver a poner al pueblo en el centro de la acción política, advirtiendo contra los riesgos del populismo, el elitismo y las ideologías en un contexto de creciente desconexión entre ciudadanos e instituciones.
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
En un discurso dirigido a los miembros del Partido Popular Europeo (PPE), el Santo Padre León XIV subrayó la necesidad de revitalizar el proyecto europeo desde sus raíces humanistas y cristianas, advirtiendo contra los riesgos de la ideología, el populismo y el elitismo, y reclamando una política que vuelva a conectar con la vida real de las personas.
El Pontífice dio la bienvenida a los parlamentarios europeos reunidos en el Vaticano y saludó especialmente al presidente del PPE, Manfred Weber, y a Mairead McGuinness, enviada especial de la Unión Europea para la promoción de la libertad religiosa fuera del territorio comunitario.
Durante su intervención, el Papa recordó que este tipo de encuentros continúan una tradición iniciada con san Juan Pablo II y Benedicto XVI, y retomada por el mensaje que el papa Francisco envió al PPE en 2023. Asimismo, destacó la inspiración del partido en figuras como Adenauer, De Gasperi y Schuman, considerados los “padres fundadores” de la Europa contemporánea.
Europa: un proyecto práctico con un ideal profundo
El Papa afirmó que la Unión Europea nació tras la Segunda Guerra Mundial como respuesta a una urgencia histórica: impedir que el continente volviera a caer en un conflicto devastador. Sin embargo, insistió en que ese proyecto no fue solo pragmático, sino también profundamente idealista: una apuesta por la cooperación y por el redescubrimiento de un patrimonio cultural y espiritual compartido.
Según el Santo Padre, los fundadores europeos estaban motivados por su fe personal y consideraban los principios cristianos como un factor unificador capaz de superar el espíritu revanchista y destructivo del pasado.
En este sentido, citó una expresión del papa Francisco:“la unidad es superior al conflicto”, destacando que la búsqueda de unidad permite ir más allá de las divisiones superficiales y construir algo nuevo, mientras que el conflicto, por el contrario, alimenta la lucha por el poder y conduce a la destrucción.
Política como servicio y “forma alta de caridad”
El Pontífice definió la política como una tarea que debe ofrecer un horizonte ideal y mirar hacia el futuro, incluso cuando exige decisiones difíciles o impopulares por el bien común. En esa línea, recuperó la idea tradicional de la doctrina social de la Iglesia: la política puede ser“la forma más alta de caridad”, cuando está plenamente comprometida con la construcción del bien común.
No obstante, advirtió que perseguir un ideal no equivale a abrazar una ideología. Para el Papa, las ideologías son una deformación de la realidad que terminan sometiendo a la persona humana a un proyecto artificial, anulando sus aspiraciones de libertad, felicidad y bienestar. Recordó que la Europa moderna surgió precisamente del fracaso de los grandes proyectos ideológicos que dividieron y destruyeron el continente.
La persona en el centro y el riesgo de desconexión democrática
El Papa citó a Alcide De Gasperi para insistir en que el auténtico horizonte político debe colocar a la persona humana en el centro, con su dignidad, su sentido del derecho, su búsqueda de la belleza y su voluntad de verdad y justicia.
A partir de ahí, señaló que el propio nombre del Partido Popular Europeo obliga a una tarea concreta:el pueblo debe ser el centro del compromiso político. Rechazó la visión del pueblo como un simple receptor pasivo de decisiones y defendió que debe ser un actor activo y corresponsable del proceso político.
El Santo Padre alertó sobre dos peligros crecientes: el populismo que busca consenso fácil y el elitismo que actúa sin consenso social. Frente a ambos, propuso una política verdaderamente “popular”, basada en el tiempo, el diálogo, la participación y el amor a la verdad.
“Volver a lo analógico” en la era digital
Uno de los mensajes más destacados del discurso fue su denuncia de la creciente distancia entre ciudadanos y representantes políticos. Para reconstruir un verdadero tejido social, el Papa pidió recuperar el contacto directo y personal entre la gente y los parlamentarios.
Con una metáfora clara, afirmó que en el tiempo del “triunfo digital”, la política orientada al bien común necesita un regreso a lo “analógico”: la presencia real, el encuentro cara a cara y la reconstrucción de relaciones humanas en el territorio. En su opinión, esta cercanía es el mejor remedio contra una política basada en gritos y consignas, incapaz de responder a los problemas cotidianos.
Valores cristiano-democráticos sin confesionalismo
En otro tramo del discurso, el Pontífice se dirigió directamente a quienes se identifican con los valores cristiano-democráticos. Les pidió redescubrir la herencia cristiana sin caer en el confesionalismo, manteniendo la distinción entre la misión profética propia de la Iglesia y la acción política concreta.
Ser cristiano en política —explicó— no significa imponer una religión, sino permitir que el Evangelio ilumine decisiones difíciles, incluso cuando no generen aplauso inmediato. En ese marco, defendió que no se pierda el vínculo entre ley natural y ley positiva, y entre raíces cristianas y acción pública.
Trabajo, familia, migración, ecología e inteligencia artificial
El Papa enumeró varias prioridades concretas para la acción política europea: condiciones dignas de trabajo en un mercado cada vez más deshumanizante, apoyo a la creatividad humana, y respuestas a la crisis demográfica que, según señaló, se manifiesta en el temor creciente a formar una familia y tener hijos.
También pidió afrontar las causas profundas de la migración con humanidad y realismo: cuidando a quienes sufren, pero sin ignorar las capacidades reales de acogida e integración.
Finalmente, reclamó abordar sin ideologías desafíos globales como el cuidado del medio ambiente y el desarrollo de la inteligencia artificial, a la que reconoció grandes oportunidades pero también graves riesgos.
Libertad basada en la verdad y defensa de la libertad religiosa
En el cierre de su intervención, el Papa exhortó a invertir en una libertad auténtica, no reducida al placer o al relativismo. Una libertad —dijo— que esté anclada en la verdad y que proteja la libertad religiosa, de pensamiento y de conciencia.
Además, advirtió contra un “cortocircuito” en la defensa de los derechos humanos, que puede terminar abriendo espacio a la fuerza y a la imposición.
El Pontífice concluyó deseando éxito a los miembros del PPE en su servicio a los pueblos europeos y les impartió la Bendición Apostólica, expresando su esperanza de que estas reflexiones sirvan como base para una renovada responsabilidad política en Europa.
Fuente: Vatican News