En el vuelo de Metz a Roma, al reunirse con los periodistas, León XIV habla de los conflictos y de los intereses económicos que los sustentan: «La Iglesia sigue alzando la voz para anunciar el Evangelio. Son pocos los que se están enriqueciendo con la industria bélica; con esos miles de millones se podrían resolver problemas como el hambre en el mundo».
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«Estos cuatro días han estado, literalmente, llenos de bendiciones. Casi milagros, diría yo, sobre todo el tiempo que pasé en Lourdes, caminando y acompañando a tantas personas enfermas y que sufren, y viendo cómo la gracia de la presencia de Dios, manifestada de tantas formas diferentes, toca el corazón de las personas, transforma sus vidas y devuelve la dignidad a los enfermos, a los mayores y a aquellos que, en algunos sectores de la sociedad, son marginados». El Papa León XIV comenta con entusiasmo el viaje apostólico a Francia que ha concluido hoy, lunes 28 de septiembre. En el vuelo de regreso de Metz a Roma, el Sumo Pontífice saluda y da las gracias a los 80 periodistas que le han acompañado en este viaje al otro lado de los Alpes: «Una vez más, gracias a vosotros por el trabajo realizado. Creo que estáis bastante cansados tras estos últimos cuatro días. En cierto sentido, ha sido un programa muy intenso…».
«Personalmente —dice el Pontífice—, me he sentido muy bendecido por haber tenido el privilegio de visitar Francia para animar sobre todo a los jóvenes que, obviamente, están buscando algo. Quedó patente en el estadio, aquella noche en la que se reunieron 80 000 jóvenes procedentes de toda Francia, con su entusiasmo, su alegría y el sentido de esperanza que transmitieron, pero sobre todo, creo, que han recibido y que serán capaces de compartir con los demás».
A continuación, el Papa responde —en inglés, español e italiano— a algunas preguntas. La lacra de los abusos sexuales y el «carácter sistemático» con el que se han cometido en Francia, así como la cuestión de lalaicidad, fueron algunos de los temas abordados por el Pontífice en respuesta a las preguntas de los periodistas franceses. Luego, cuestiones internacionales como la guerra en Europa y el valor de las negociaciones, el temor a un aumento de los extremismos en el continente, la inteligencia artificial y la amenaza de las grandes empresas tecnológicas, la emergencia de la vivienda y los próximos viajes.
Cyriac Zeller (I.Media) Ayer, durante una rueda de prensa, las víctimas con las que se reunió nos dijeron que usted había reconocido el carácter sistémico de los abusos sexuales en la Iglesia. ¿Es así? ¿Podría explicarnos su postura al respecto? ¿Cree usted que los abusos sexuales en la Iglesia son sistémicos?
Sin querer contradecir a nadie, ya que considero que es muy importante, en primer lugar me gustaría precisar que, en el encuentro con esas siete víctimas, les pedí que me ayudaran también a transmitir a las demás víctimas la disposición, tanto mía como de la Iglesia, a escucharlas y acompañarlas en su camino hacia la sanación, reconociendo el dolor que se les ha causado en sus vidas a causa de situaciones de abuso.
Muchas de ellas han hablado de abuso sistémico. Personalmente, prefiero expresarlo de otra manera, aunque he hablado de algunas organizaciones dentro de la Iglesia que, en ocasiones, por así decirlo, han actuado de forma abusiva como sistema. Pero creo que es importante hacer esta distinción. El abuso sexual es, ante todo, un problema humano. Cuando se produce dentro de la Iglesia, adquiere en realidad otra dimensión, porque la vida de fe de las personas queda profundamente herida y, a veces, incluso destruida. La Iglesia tiene, por tanto, una responsabilidad especial a la hora de acompañarlas y ayudarlas a buscar la sanación. En estos términos he hablado con ellas de cómo la Iglesia, en cierto sentido, ha sido vista como responsable, pero al mismo tiempo considero que la Iglesia tiene un papel importante a la hora de ayudarlas a encontrar la sanación.
Xavier Le Normand (Le Pèlerin) El lema de su viaje apostólico fue «Para que el mundo tenga vida». El tema de los cuidados al final de la vida ha surgido repetidamente en sus discursos; de hecho, creo que lo ha mencionado en más de la mitad de los discursos que ha pronunciado en Francia. Pienso, en particular, en lo que dijo en el Elíseo y ayer en Lourdes, cuando afirmó que lo que es legal no es necesariamente moral; una clara referencia a la reciente legalización de la eutanasia en Francia. En Francia también rige el principio de la «laicidad», es decir, la separación entre religión y política. ¿Considera usted que, en momentos cruciales o cuando hay mucho en juego, ese límite debe traspasarse en nombre de la primacía de la conciencia? Y, en caso afirmativo, ¿ha traspasado usted ese límite?
Gracias por la pregunta. Diría que, según la concepción que tiene la Iglesia de la separación entre Iglesia y política —o entre Iglesia y Estado—, yo no he traspasado ese límite. Le sugeriría que leyera o volviera a leerMagnifica humanitas: en la primera parte, en los primeros capítulos dedicados a la doctrina social de la Iglesia, explico que cuando la Iglesia habla de la defensa de la vida o de cuestiones de doctrina social, no está haciendo política, sino aplicando el Evangelio a la vida de las personas. Y estas personas pueden ser políticos —de izquierdas o de derechas, según el caso— que sostienen que la religión debe permanecer confinada a la esfera privada. Y pueden ser políticos, si se quiere, de izquierdas o de derechas, que sostienen que la religión debe permanecer exclusivamente en la esfera privada: que cada uno haga lo que quiera por su cuenta, pero que el Estado debe mantenerse al margen. El caso es que, cuando viajé a Francia, lo hice principalmente para predicar el Evangelio, para anunciar la Buena Nueva, para reafirmar lo que el propio Jesucristo dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Y, por tanto, para proclamar la verdad que Jesús nos ofrece. La defensa de la vida es un principio que, como todos sabéis, la Iglesia enseña y en el que cree profundamente. Por un lado, obviamente, soy consciente de que en Francia se ha aprobado recientemente una ley al respecto y de que también en otros países europeos, así como en el resto del mundo, se está produciendo un amplio debate sobre las cuestiones relacionadas con el final de la vida. Sin embargo, es significativo encontrarse en un lugar como Lourdes, donde las personas buscan algo mucho más profundo y comprenden que su vida, incluso en medio de la enfermedad, la discapacidad o sufrimientos de diversa índole, tiene sentido. La Iglesia, en nombre de Jesús, quiere estar cerca de estas personas y reafirmar los valores que, en mi opinión, la vida misma encierra para todos nosotros. Así que diría que, si esto es hacer política, lo he hecho; pero desde luego no era mi intención entrometerme en la política francesa. Simplemente quería enseñar aquello en lo que la Iglesia cree realmente.
Íñigo Domínguez (El País) Usted ha hablado muchas veces también este viaje de la cultura del descarte que nos rodea, de la marginación de quienes no se consideran productivos entre ellos los ancianos, los discapacitados. En España tenemos estos días un caso que representa un poco todo esto, que ha causado una gran indignación en el país, que es el de Maricarmen, una mujer de 87 años con discapacidad a la que han echado de su casa, en la que vivía en Madrid porque no conseguía pagar al alquiler. Se lo subieron cinco veces de golpe. No sé si conoce este caso, el caso de Maricarmen. Pero en cualquier caso, ¿qué opina del problema de la vivienda que existe en toda Europa, en todo el mundo, donde la especulación inmobiliaria expulsa a los vecinos de las ciudades y los jóvenes no pueden permitirse una casa? ¿Qué opina de todo este problema?
Creo que es un buen ejemplo donde la Iglesia como comunidad, o como seres humanos, como comunidad, aún para personas que no tienen fe, tenemos que buscar soluciones más justas para que no sucedan estos casos. No conozco el caso al cual usted se refiere, Pero me parece que sería un caso donde los vecinos, la comunidad, la parroquia, la diócesis, o el Estado tendría que acercarse a decir ¿cómo es posible que un caso así suceda? ¿Cuál es el problema en el sistema que permite un caso de una anciana, además con discapacidad o con alguna dificultad, ser echada por decir de su casa? La Iglesia habla mucho del descarte y habla también de justicia. Invita, promueve, busca, digamos, despertar en todos la capacidad de responder con un sentido más de ser humano, de ser de verdad sensible al dolor, al sufrimiento de los demás. El problema de la casa que existe en muchos países hoy es un problema que solo una parroquia, solo una diócesis o la Iglesia misma no podrá solucionar. Pero creo que ahí hay un desafío grande donde tenemos que quizás exigir también a los líderes políticos, a las autoridades, a buscar solución a eso. Porque está aumentando evidentemente, y muchas veces reaccionamos solo al momento de emergencia, pero tenemos que ver en realidad cual es la cusa sistémica de este problema y como ayudar.
Manuela Tulli (Ansa)Santidad, hoy y a lo largo de todo este viaje ha subrayado la necesidad del diálogo y, dirigiéndose a Europa, ha hablado de la ilusión del rearme. Pero, al mismo tiempo, ha dicho que hay que tener el valor de hacer renuncias y sacrificios por el bien superior, en particular por la paz. El conflicto en Europa es el que enfrenta a Rusia y Ucrania.¿A qué se refería al hablar de esos sacrificios? Además, usted cree en la negociación porque ha enviado a sus representantes: primero fue monseñor Gallagher y estos días está allí el cardenal Zuppi. Pero, ¿cómo se puede dialogar con un Estado que ataca, bombardea y amenaza no solo a Ucrania, sino también a otros Estados europeos?
La primera cosa seria subrayar los principios de la doctrina social de la Iglesia, donde buscamos no promover la violencia, el odio, armamentos, los peligros que hay en el mundo de hoy, incluso de algunos líderes de países que de nuevo empiezan a hablar de armas nucleares, de guerras que cada vez son más y más destructivas, sobre todo por la cuestión de la vida humana. Continuar a armar, a gastar en esa tremenda industria militar, que es ya desde hace muchas décadas, del año pasado, hace cinco años, que continúa a promover el gasto militar. Algunos pocos están enriqueciendo muchísimo con una industria que promueve la guerra. Cuando con estos miles de millones de millones de euros o dólares se podría solucionar problemas como el hambre en el mundo, la casa, situaciones de desempleo, etc. Todos están buscando una voz que puede ofrecer otro camino, que no es lo de vamos a gastar más en las armas, que solo promueve más y más la tensión que podría resultar en la explosión de otra guerra, otro conflicto. Y vemos que la violencia, que esas potencias que buscan siempre imponer con poder en vez de dialogar y promover negociaciones por las diferencias que naturalmente pueden existir, pues vamos siempre más y más cerca a una guerra o varias guerras, conflictos como encontramos en el mundo de hoy. Yo no sé de otros, y no es por ser político o no político, pero una voz que trata de promover los valores de la dignidad humana, de la importancia de la vida, de la posibilidad de quizás gastar más en salud y educación y menos en las armas, creo que la Iglesia tiene una responsabilidad de promover esos valores, invitando continuamente a líderes como de Rusia y Ucrania, otros países, a venir, a sentarse, a dialogar, a buscar cómo solucionar los problemas sin continuar esas guerras que ya no tienen sentido. Entonces, en ese sentido, la Iglesia continúa alzando la voz. No podemos obligar a nadie, a veces parece que puede ser inútil, pero vamos a seguir hablando, vamos a seguir invitando, vamos a seguir anunciando el evangelio.
Justin McLellan (National Catholic Reporter) En París, usted habló de la urgente necesidad de un discernimiento ético en relación con el desarrollo de la inteligencia artificial y, a raíz de los múltiples ciberataques perpetrados por agentes de IA, varios líderes del sector tecnológico han advertido de que esta tecnología podría destruir el mundo. ¿Hasta qué punto le preocupa que la IA pueda suponer riesgos catastróficos para la humanidad o incluso acabar con ella por completo, y qué deben hacer las naciones, en particular Estados Unidos y China, para garantizar que sus tecnologías sean seguras para la humanidad? ¿Está usted en pánico?
Si alguien me preguntara: «¿Está usted en pánico?». No, no lo estoy, por las noches duermo bien. Sin embargo, considero que las preocupaciones planteadas por muchos expertos y especialistas en IA deben tomarse en serio. No creo que se trate de noticias falsas, como han dicho algunos, difundidas con el fin de obtener algún tipo de beneficio económico o de otro tipo. Es interesante señalar que precisamente hoy he leído que el director de NVIDIA afirma haber encontrado la manera de introducir en la IA ciertos «frenos», por así decirlo, o límites, para que no salgan de sus unidades específicas y no causen los daños de los que se habla. Se trata, sin embargo, del mismo hombre que afirma que no deberían imponerse límites y que no debería haber ninguna regulación gubernamental, etc. Este es un tema sobre el que creo que debemos sentarnos a debatir. Debemos seguir invitando a los líderes políticos, a los líderes del ámbito de la IA, a las organizaciones sociales y a las asociaciones a reunirse para analizar lo que ya está ocurriendo y lo que podría suceder en el futuro. Limitarse a decir: «Oh, eso no va a pasar», y hacer la vista gorda ante esto, no creo que sea la forma más responsable de abordar la cuestión. El Vaticano ha creado su propia Comisión sobre Inteligencia Artificial que, por un lado, surgió como una forma de coordinar lo que nosotros mismos estamos haciendo en la Santa Sede: cómo estamos utilizando la IA, cuáles son los riesgos y cuáles los beneficios. Pero desde que se publicó laMagnifica humanitas, muchas personas se han puesto en contacto con nosotros y, por eso, estamos tratando de seguir promoviendo el diálogo, el estudio y la investigación, para encontrar formas de garantizar que la IA no llegue al punto de poder destruir a la humanidad o de excluirla del debate. Soy relativamente optimista respecto a que podamos lograrlo. Creo que hay suficientes personas seriamente interesadas en este tema y dispuestas a abordarlo al margen de las cuestiones de poder, de quién llega primero, de qué ocurre cuando la IA se convierte en lo que llaman «inteligencia artificial general» y demás.
Ludwig Ring-Eifel (KNA) Hoy nos encontrábamos en Metz, muy cerca de la frontera alemana. Pero hasta ahora aún no ha ido a Alemania. Así que mi pregunta fundamental es: ¿cuándo podemos esperar verle al otro lado de la frontera? Teniendo en cuenta también dos acontecimientos que quizá le preocupen a usted mismo, a saber, el constante declive de la Iglesia católica en Alemania y el increíble auge de los partidos extremistas en ese país, que amenazan con hacer añicos el enorme consenso a favor de Europa del que ha hablado hoy.
Con toda humildad, puedo decir que solo llevo unos quince meses como Papa. Hay muchos lugares que aún no he visitado. He recibido una invitación. Espero de verdad volver allí; es decir, ya he estado allí, pero no como Papa. Sin embargo, espero visitar Alemania, al igual que espero visitar muchos otros países. Pero aún no tengo un programa, sigo trabajando en el programa para el próximo año, y el único viaje confirmado es el de la Jornada Mundial de la Juventud en Corea. Pero gracias por vuestra paciencia y por la pregunta. En cuanto a la frase que ha mencionado, es decir, que la Iglesia está en declive en Alemania o que hay una disminución de fieles, en el pasado se dijo lo mismo de Francia, y sin embargo hemos visto lo que ha ocurrido en los últimos cuatro días. Creo que si recuperamos el verdadero espíritu misionero y la forma correcta de actuar, todavía hay muchísimas personas en Alemania que quieren vivir y celebrar su fe cristiana y católica. Por eso soy optimista al respecto, aunque reconozco los problemas y las diversas causas que han afectado duramente a la Iglesia, pero que también han afectado, por así decirlo, a la Iglesia evangélica o protestante de forma muy dura, y han afectado a la sociedad más o menos de la misma manera. Pero espero de verdad poder llegar a estas personas. Espero de verdad seguir trabajando con los líderes de la Iglesia en Alemania y encontrar la manera de responder a sus necesidades. Sería interesante estudiar y analizar si existe, y de qué manera, una correlación, por ejemplo, entre el crecimiento de estos grupos de extrema derecha y el hecho de que la propia extrema derecha se esté fragmentando. Ahora bien, como se puede observar, ese grupo en concreto se está volviendo aún más extremista junto con otros denominados grupos de extrema derecha. Al mismo tiempo, asistimos a una combinación de estos puntos de vista de extrema derecha con un cierto tipo de religión que, no solo en mi opinión, sino también según lo afirmado por los líderes de la Iglesia católica y de la protestante en Alemania, no representa una expresión auténtica del cristianismo. Y, una vez más, volvemos a los valores del Evangelio, que no tienen que ver con el odio y la división, sino con la comprensión, la compasión y el acompañamiento.
Espero profundamente —y espero que también la Iglesia pueda formar parte de ello— que logremos encontrar la manera de llegar a la mayoría de las personas de buena voluntad, para que comprendan lo importante que es su compromiso, también en lo que respecta a la participación en los procesos políticos, a la hora de tomar decisiones claras a favor del bien común y no a favor de ideas extremistas que podrían causar daños mucho más graves de lo que nos damos cuenta en este momento. Creo, por tanto, que todos seremos una fuente de aliento en este sentido. Una vez más, la Iglesia, la doctrina de la Iglesia, habla, enseña y predica lo que creemos que son estos valores vivificantes y no la destrucción ni la división.
El Papa concluyó la rueda de prensa con unos palabras de agradecimiento:
Me gustaría aprovechar esta ocasión para dar las gracias a las muchísimas personas que trabajan entre bastidores y que no reciben los aplausos que recibe el Papa cuando pasa, pero que han contribuido de manera decisiva a la organización de este viaje: tanto al personal de la Santa Sede como al de Francia, a los obispos franceses y a los muchísimos laicos que han colaborado en la organización de las distintas actividades.
(Traducción y transcripción de trabajo no oficial)
Fuente: Vatican News
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