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El Papa: La guerra no es inevitable, Francia debe promover el diálogo

El Papa: La guerra no es inevitable, Francia debe promover el diálogo

Una reflexión sobre los temas que constituyen la columna vertebral de su magisterio: eso es lo que ofrece León XIV en su primer discurso ante las autoridades en el Palacio del Elíseo. Hace especial énfasis en la protección del derecho a la vida.

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Las banderas del Vaticano y de Francia adornan el estrado instalado en laSalle des fêtesdel Palacio del Elíseo, donde se encuentran presentes autoridades políticas y religiosas, empresarios, representantes de la sociedad civil, de la cultura y del cuerpo diplomático. El Papa León XIV llega allí tras aterrizar en el aeropuerto de París-Orly, recorriendo unos 19 km mientras las campanas repicaban a su paso y la gente aplaudía al Obispo de Roma. A su llegada a la residencia del presidente de la República, León XIV es recibido con honores militares; tras entrar en la residencia junto a Macron y la primera dama, Brigitte, que le esperan en la alfombra roja, tiene lugar un encuentro privado entre el Papa y el jefe del Elíseo.

El propio Macron había escrito poco antes en X que la visita del Pontífice «da testimonio de la fuerza de los lazos que unen a la Santa Sede y a Francia». «Ante los retos de nuestro tiempo —se lee—, llevaremos juntos un mensaje de paz, fraternidad y esperanza». A la llegada del Papa, junto al presidente francés, el público, de pie, lo recibe con un aplauso. El primero en tomar la palabra es Macron, que se detiene en la laicidad y en la inteligencia artificial. «El ser humano —afirma— no debe estar atado a los números. La inteligencia artificial debe estar al servicio del hombre. La revolución digital no debe encadenar, sino liberar», por lo que aboga por la creación de un organismo internacional para impedir un oligopolio de las nuevas tecnologías.

No ser indiferentes ante el sufrimiento

El primer discurso del Papa León es un resumen de los temas fundamentales de su magisterio, que se erige constantemente en llamamiento a la paz, expresión de la defensa de la vida, invitación al uso ético de la inteligencia artificial y referencia a la laicidad entendida como compromiso con el diálogo para favorecer la unidad al servicio del bien común.

La actualidad mundial, marcada por los conflictos y la violencia, especialmente en Oriente Medio, sirve de punto de partida al Pontífice para lanzar un firme llamamiento a no permanecer indiferentes ante los «sufrimientos que hieren la dignidad humana y claman justicia ante Dios». Situaciones que exigen una auténtica «conversión del corazón y un cambio de actitud» para construir juntos, «en el corazón del mundo», «la civilización del amor». León XIV insiste en la necesidad de prohibir las armas nucleares y de reducir los armamentos existentes, porque «la paz no es un equilibrio de fuerzas, sino que se construye cada día a través del diálogo y la justicia».

Os exhorto, pues, a que nunca os resignéis ante la perspectiva de una guerra considerándola «inevitable», sino a que promováis sin descanso el diálogo y la diplomacia, con el fin de preservar sociedades pacíficas, respetuosas con la dignidad y los derechos de la persona y de los pueblos.

La vocación por la paz

Las palabras del Papa se hacen eco de los ruidos de la guerra y de la agitación provocada por los conflictos en curso, y constituyen, por tanto, una exhortación al compromiso, sobre todo para un país como Francia que, afirma, «tiene la vocación de seguir siendo un incansable artífice de la paz y del multilateralismo, en particular en el seno de nuestra querida Europa».

Ojalá Francia, fiel a sus valores, trace el camino hacia una paz desarmada y desarmante, y ofrezca con responsabilidad su insustituible contribución en favor de la paz. Que vuestra libertad crezca sin cesar en el compromiso por el bien común; que vuestra fraternidad abarque a toda la humanidad; y que la igualdad a la que aspiráis se base siempre en los fundamentos de la justicia y la caridad, sin eliminar las diferencias entre las personas, sino haciéndolas fructificar armoniosamente en beneficio de toda la sociedad.

Los orígenes del Papa

León XIV no oculta su alegría por estar en Francia, «país de vasto patrimonio cultural y religioso», habitado por un pueblo de orígenes diversos, una peculiaridad que enriquece la convivencia y la vida democrática. Esta observación del Papa tiene su origen en sus raíces, ya que los padres de su abuela materna habían nacido en Normandía.

Francia ocupa muy a menudo un lugar central en las oraciones del Papa, que no olvida sus orígenes familiares normandos y bearneses.

Para forjar la inteligencia de los pueblos

Francia representa, añade, «un faro cultural, artístico y espiritual, no solo en Europa, sino también en el mundo». Un lugar de búsqueda de la verdad, gracias a sus academias y universidades, capaz de «forjar la inteligencia de los pueblos, mucho más allá de sus propias fronteras». «La iluminación de mentes francesas excepcionales —prosigue el Papa—, que eran al mismo tiempo grandes católicos, subraya hasta qué punto las ciencias, las artes, la literatura y la filosofía pueden contribuir al bien de la humanidad, cuando se orientan hacia la búsqueda de lo bello, lo bueno y lo verdadero, para queel mundo tenga vida», tal y como reza el lema del viaje, repetido en varias ocasiones.

Notre-Dame, la esperanza que renace

Tras hacer referencia a París, conocida como laVille lumière, el obispo de Roma se detiene en elsavoir-fairefrancés, «sinónimo de excelencia en numerosos ámbitos», que ha destacado especialmente en la restauración de la catedral de Notre-Dame de París, que se incendió en 2019. Al agradecer al presidente Macron el esfuerzo realizado y la sinergia con las instituciones públicas y privadas, el Papa tiene presentes a los obreros que han trabajado en ella. «No es solo la culminación de una hazaña técnica —subraya—, sino el símbolo de una esperanza recuperada, la prueba de que lo que se creía destruido para siempre puede renacer gracias a la colaboración de todos, y el testimonio de una unidad forjada en el esfuerzo común».

Un resultado tan hermoso debe inspirar a todos los actores de la vida política, social y religiosa del país un nuevo impulso para trabajar sin cesar en un espíritu de unidad, con la fuerza de una esperanza viva.

El lema nacional

Al repasar la historia de Francia, «tierra de ricas raíces cristianas», León XIV se detiene en la etapa del humanismo, «que buscaba unificar la herencia grecorromana y la fe cristiana», en el florecimiento de los grandes pensadores del Renacimiento y, posteriormente, de la Ilustración, que abrieron el camino al «reconocimiento de los derechos del hombre inherentes a la naturaleza de la persona humana, en particular la libertad religiosa». Una atención que se refleja en el lema nacional.

Libertad, igualdad y fraternidad no son simples palabras grabadas en los frontones de vuestros edificios públicos, sino que remiten a exigencias éticas universales, que encuentran también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y realización.

La humanidad en el «paraíso de las máquinas»

El Pontífice recuerda también la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la que san Juan Pablo II se refirió como «un verdadero hito en el camino del progreso moral de la humanidad». Un progreso, afirma el Papa, que va de la mano del respeto a la dignidad humana y a los derechos y libertades fundamentales; pero hay que prestar atención a los riesgos de un desarrollo ambiguo de instrumentos «capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien». Hay que tener cuidado, subraya León, con la obediencia ciega y la irresponsabilidad que se convierte en «dueña de un paraíso de las máquinas», como señalaba el escritor francés Georges Bernanos. Estos peligros se ponen de relieve en la encíclica Magnifica humanitas al abordar el tema de la inteligencia artificial y la necesidad de volver a situar a la persona humana en el centro de toda reflexión.

Para no perder nuestra humanidad en medio del «paraíso de las máquinas» que invade y condiciona nuestra vida cotidiana, es urgente formar las mentes en un discernimiento ético, capaz de reconocer lo que es moralmente bueno. Esta exigencia es fundamental para reconocer el verdadero bien que hace crecer al hombre según su vocación primaria, en el respeto incondicional de su libertad interior y de su dignidad sagrada.

La protección de la vida

Una sociedad auténticamente libre, recuerda el Obispo de Roma, protege la diversidad a través de un diálogo ético que enriquece el tejido social; un diálogo urgente en la Francia actual, «donde personas de diferentes pertenencias culturales y religiosas están llamadas a convivir y a aportar su contribución a la construcción de la sociedad». La diversidad y la solidaridad son las dos vías por las que avanza el país transalpino, también gracias a la labor de la Iglesia católica, «rostro vivo de la ternura y la compasión de Dios». El Papa recuerda a quienes se entregan por los demás, por los más frágiles y sufridores, «una auténtica escuela de humanidad sobre la grandeza del cuidado y un vibrante llamamiento al valor único e insustituible de cada ser humano». Una invitación a la fraternidad para acoger la vida sin condiciones, acompañando cada etapa de la existencia y defendiendo a quienes no tienen voz.

Por eso reitero «con firmeza que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano».

Las manipulaciones de la ciencia

El riesgo que el Papa León vislumbra en el mundo actual es también la ilusión de confiar ciegamente en la ciencia y la tecnología para encontrar una solución al sufrimiento. Pero también en este ámbito, sin una conciencia, se corre el riesgo de alejarse del verdadero bien, mientras que, por el contrario, cada uno de nosotros está llamado al respeto mutuo y a la protección de la vida.

A veces constato con preocupación las derivas actuales de las sociedades que corren el riesgo de distorsionar la ciencia y la tecnología, transformándolas en empresas lucrativas que favorecen las manipulaciones genéticas, la maternidad subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada.

El laicismo sano

El compromiso al que apela el Papa es «expresión del laicismo justo» que, subraya, «no excluye la dimensión religiosa, sino que, por el contrario, sabe aprovecharla como recurso educativo».

Una laicidad justa no consiste, por tanto, en excluir la religión de la esfera pública o de la educación, sino en comprometerse a que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio del bien común, para que el mundo tenga vida

De ahí el elogio al trabajo constante y al diálogo entre la Santa Sede, la Iglesia en Francia y el Gobierno en «el servicio en beneficio de todos».

El compromiso con Oriente Medio

El Papa expresa su vivo reconocimiento por la cooperación entre Francia y la Iglesia católica al servicio de los cristianos de Oriente, y recuerda la labor educativa, social, cultural y humanitaria de asociaciones como «Ayuda a la Iglesia que sufre» o «Œuvre d’Orient», «una valiosa contribución —explica— al diálogo entre los pueblos y a la protección de los derechos de cada persona». Además, en el ámbito educativo, destaca la importancia del Fondo para las Escuelas de Oriente, un proyecto que, desde 2021, ha prestado apoyo a más de doscientos sesenta centros educativos en Oriente Medio, entre ellos siete universidades del Líbano y la Universidad de Belén.

Paz, unidad, prosperidad

Al concluir su discurso, León XIV expresa su gratitud y recuerda que «una Iglesia que pretenda desentenderse de los asuntos temporales no cumpliría plenamente con su vocación; y un presidente de la República que pretenda desentenderse de la Iglesia y de los católicos incumpliría su deber». A continuación, expresó su deseo de paz, unidad y prosperidad para que el mundo tenga vida. Unas palabras que provocaron un largo aplauso del público.

Fuente: Vatican News

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