En la Audiencia General de este miércoles, León XIV se refiere al valor de “la actividad humana en el mundo” planteado por el Concilio Vaticano II, poniendo en contraste los prejuicios, aún vigentes, que consideran necesaria la "emancipación de Dios" para que el hombre pueda afirmar sus conocimientos, libertad y progreso, mientras, por el contrario, las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios.
Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano
¿Cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? Desde esta pregunta planteada por los Padres conciliares, en la Constitución pastoralGaudium et Spes, el Papa León XIV dedicó su catequesis a la trascendencia y voluntad de Dios en los esfuerzos del hombre para lograr el progreso y mejores condiciones de vida.
El Pontífice, en la audiencia general de este miércoles, 23 de septiembre, ante miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, continuó el ciclo dedicado los documentos del Concilio Vaticano II, en particular, con el tercer capítulo de la primera parte de laGaudium et Spesdedicado a “la actividad humana en el mundo”.
El progreso del hombre no se debe a “fuerzas superiores”
“Creado a imagen y semejanza de Dios – sostiene la Constitución -, el ser humano es agente del progreso”, pues mediante la libertad y la inteligencia aumenta sus propios conocimientos, haciendo que toda la sociedad progrese. Además, el Santo Padre resalta que en este documento conciliar se llega a afirmar que “gran número de los bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las ‘fuerzas superiores’, hoy los obtiene por sí mismo”.
Un planteamiento que, para muchos, en su momento, explica el Papa, más bien era contraproducente, pues el progreso técnico-científico era visto “como algo que debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superflua o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana”.Un “prejuicio” – subraya León XIV – que prevalece, sobre todo, “en esa parte de la cultura occidental” que ha perdido su vínculo con la fe cristiana:
“En los humanismos post cristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Sin embargo, al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana”.
Las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios
El Concilio, explica el Pontífice, al querer ofrecer una respuesta clara a estas lecturas, asegura que, para los creyentes, “el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, responde a la voluntad de Dios”.
Es más, el Papa recuerda que la Constitución aclara – para aquellos que creen que “las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios” -, que los cristianos, por el contrario, están “persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio”
La creación sigue en camino con el trabajo
Más adelante, el Santo Padre indica que Dios ha puesto en las manos del hombre y de la mujer una creación todavíain statu viae-es decir, en camino, en crecimiento- para que la lleven a término por medio de su trabajo:
“La humanidad -y, con ella, el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas- no queda absorbida o anulada por el encuentro con Dios, sino más bien asumida en su totalidad; y sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas”.
El pan y el vino eucarísticos, frutos del trabajo humano
Además, agrega el Pontífice en la mesa eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, se coloca sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo:
“Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo.
El trabajo animado por la caridad dignifica
León XIV recuerda que un progreso técnico y científico auténtico -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres- debe estar animado y orientado por la caridad. “Solo así – asegura – podrá utilizarse siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos”. De allí, la exhortación del Papa:
ElConcilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber-hacer, para que todos los hombres y todos los pueblos puedan desarrollar sus potencialidades, de forma que podamos construir juntos, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.
Fuente: Vatican News
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