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El Magisterio de los Papas y el arma atómica

El Magisterio de los Papas y el arma atómica

Las palabras de los Sucesores de Pedro contra las armas nucleares

Andrea Tornielli

Desde la tragedia provocada por los bombardeos atómicos sobre Japón en agosto de 1945, la Iglesia reflexiona sobre el riesgo de que la humanidad se autodestruya.

Pío XII, en su mensaje radiofónico de Navidad de 1955, habló de la amenaza nuclear explicando que «no habrá ningún grito de victoria, sino solo el llanto inconsolable de la humanidad, que contemplará con desolación la catástrofe provocada por su propia locura». En la encíclica Pacem in terris, publicada inmediatamente después de la crisis de los misiles en Cuba, Juan XXIII afirmaba a propósito del arma atómica: «Los seres humanos viven bajo la pesadilla de un huracán que podría desatarse en cualquier momento con una devastación inimaginable. Puesto que las armas existen; y aunque resulte difícil creer que haya personas capaces de asumir la responsabilidad de la destrucción y el dolor que causaría una guerra, no se descarta que un hecho imprevisible e incontrolable pueda encender la chispa que ponga en marcha el aparato bélico».

En junio de 1968, Pablo VI deseaba e invocaba, «en nombre de toda la humanidad», la «prohibición total de las armas nucleares» y el «desarme general y completo». Mientras que Juan Pablo II, en febrero de 1981 desde Hiroshima, clamaba: «Nuestro futuro en este planeta, expuesto como está al riesgo de la aniquilación nuclear, depende de un único factor: la humanidad debe llevar a cabo una transformación moral. En el momento histórico actual debe haber una movilización general de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La humanidad está llamada a dar un paso más, un paso hacia la civilización y la sabiduría». En mayo de 2010, Benedicto XVI afirmaba: «Aliento las iniciativas que persiguen un desarme progresivo y la creación de zonas libres de armas nucleares, con vistas a su completa eliminación del planeta».

El Papa Francisco, desde Hiroshima, en noviembre de 2019, recordó que «el uso de la energía atómica con fines bélicos es, hoy más que nunca, un crimen no solo contra el hombre y su dignidad, sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común». Y añadió: «El uso de la energía atómica con fines bélicos es inmoral, al igual que lo es la posesión de armas atómicas, como ya dije hace dos años. Seremos juzgados por ello. Las nuevas generaciones se levantarán como jueces de nuestro fracaso si hemos hablado de paz pero no la hemos hecho realidad con nuestras acciones entre los pueblos de la tierra. ¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones ilegítimas con discursos de discriminación y de odio?».

El Papa León siguió la línea trazada por el magisterio de quienes le precedieron. El 14 de junio de 2025, al término de la audiencia jubilar, dijo: «La situación en Irán e Israel se ha deteriorado gravemente, y en un momento tan delicado deseo renovar con fuerza un llamamiento a la responsabilidad y a la razón. El compromiso de construir un mundo más seguro y libre de la amenaza nuclear debe perseguirse a través de un encuentro respetuoso y un diálogo sincero, para edificar una paz duradera, fundada en la justicia, la fraternidad y el bien común. Nadie debería amenazar jamás la existencia del otro».

Poco más de un mes después, en un mensaje con motivo del 80.º aniversario de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, escribió: «La verdadera paz exige que se depongan con valentía las armas, especialmente aquellas que tienen el poder de causar una catástrofe indescriptible. Las armas nucleares ofenden nuestra humanidad común y, además, traicionan la dignidad de la creación, cuya armonía estamos llamados a salvaguardar». El 6 de agosto, en la audiencia general, recordando la hecatombe provocada en Japón por las bombas nucleares, lanzó este llamamiento: «A pesar del paso de los años, aquellos trágicos acontecimientos constituyen una advertencia universal contra la devastación causada por las guerras y, en particular, por las armas nucleares. Deseo que en el mundo contemporáneo, marcado por fuertes tensiones y conflictos sangrientos, la seguridad ilusoria basada en la amenaza de la destrucción mutua dé paso a los instrumentos de la justicia, a la práctica del diálogo, a la confianza en la fraternidad».

El actual Sucesor de Pedro ha vuelto sobre el tema en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, afirmando: «En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de no prepararse lo suficiente para la guerra, para reaccionar ante los ataques, para responder a la violencia. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político esta lógica de confrontación es el dato más actual en una desestabilización planetaria que cada día adquiere mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casualidad que los repetidos llamamientos a aumentar el gasto militar y las decisiones que de ello se derivan sean presentados por muchos gobernantes con la justificación de la peligrosidad ajena. De hecho, la fuerza disuasoria del poder y, en particular, la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y el dominio de la fuerza».

Al término de la audiencia del 4 de febrero de 2026, León XIV declaró: «Mañana expira el Tratado New START, firmado en 2010 por los presidentes de los Estados Unidos y de la Federación Rusa, que ha supuesto un paso significativo para contener la proliferación de las armas nucleares. Al renovar mi apoyo a todo esfuerzo constructivo en favor del desarme y de la confianza mutua, dirijo una invitación apremiante a no dejar caer este instrumento sin intentar garantizarle un seguimiento concreto y eficaz. La situación actual exige hacer todo lo posible para evitar una nueva carrera armamentística que amenace aún más la paz entre las naciones. Es más urgente que nunca sustituir la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida capaz de orientar las decisiones hacia el bien común y de hacer de la paz un patrimonio custodiado por todos».

Por último, en una publicación de la cuenta oficial de Pontifex, el 5 de marzo de 2026, el papa León escribió: «Recemos juntos para que las naciones procedan a un desarme efectivo, en particular al desarme nuclear, y para que los líderes mundiales elijan el camino del diálogo y la diplomacia en lugar de la violencia».

Estas son las declaraciones del Pontífice, que sigue pidiendo el desmantelamiento de todo el armamento atómico existente capaz de destruir a toda la humanidad.

Fuente: Vatican News

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