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África, Koovakad: Las religiones son el mejor camino hacia la paz

África, Koovakad: Las religiones son el mejor camino hacia la paz

El Papa presentó una propuesta concreta para la construcción de la justicia, la estabilidad social y la convivencia entre los pueblos. Así, el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso realiza una valoración inicial del tercer viaje apostólico de León XIV.

Cardenal George J. Koovakad

Los encuentros interreligiosos del viaje apostólico del Papa León XIV fueron particularmente significativos, especialmente en Argelia y Camerún, pero también en sus discursos a las autoridades y al cuerpo diplomático en Angola y Guinea Ecuatorial, donde esbozó una visión coherente del diálogo interreligioso como vía privilegiada hacia la paz, la reconciliación y la estabilidad social. El viaje en su conjunto revela un hilo conductor, donde gestos y palabras simbólicas convergen en una misma perspectiva teológica y pastoral.

En Argelia, el viaje se presentó desde el principio como orientado a la construcción de puentes y la reconciliación. El Papa lo calificó como «una oportunidad preciosa para continuar con la misma voz, con el mismo mensaje, que deseamos promover la paz, la reconciliación, el respeto y la consideración hacia todos los pueblos», recordando a San Agustín como «un puente muy importante en el diálogo interreligioso». En Argel, en su discurso a las autoridades, puso la fraternidad universal en el centro: «Somos hermanos y hermanas, porque tenemos el mismo Padre en el cielo», señalando la fe como un principio de convergencia capaz de sostener la justicia, la solidaridad y la paz. Esta orientación se concretó en sus gestos, particularmente en su visita a la Gran Mezquita, donde reafirmó «la dignidad de toda persona humana» y declaró: «Podemos aprender a respetarnos, a vivir en armonía y a construir un mundo de paz». El mensaje dejado en el libro de visitas —«Que la misericordia del Altísimo proteja al noble pueblo argelino y a toda la humanidad en paz y libertad»— resume eficazmente esta visión universal. En Notre-Dame d'Afrique, el diálogo también se manifestó de forma concreta y cotidiana, como lo indica la afirmación de que la fe es «una fe que no aísla sino que abre, que une pero no confunde, que reúne sin homogeneizar». Finalmente, en Annaba, la perspectiva agustiniana arraigó el camino en una dimensión espiritual más profunda, conectando la búsqueda de Dios con la construcción de la paz y la caridad: «la fe en el único Dios… une a los hombres según una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad».

En Camerún, en un contexto marcado por la crisis angloparlante pero que no degeneró en conflicto religioso, el Papa destacó claramente el papel positivo de las religiones cuando no están distorsionadas por el «veneno del fundamentalismo». En su discurso a las autoridades, hizo un llamado a «rechazar la lógica de la violencia y la guerra» para abrazar «una paz desarmada y que desarme», enfatizando la responsabilidad conjunta de los Estados y los líderes religiosos en la prevención de conflictos. El momento más significativo fue el encuentro en Bamenda, donde líderes cristianos, musulmanes y tradicionales ofrecieron testimonios concretos de fraternidad vivida. El imán afirmó: «Damos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa…», mientras que el Papa señaló al Movimiento por la Paz como «un modelo para el mundo entero», advirtiendo contra «aquellos que manipulan las religiones para sus propios fines». Este evento demostró cómo el diálogo interreligioso puede surgir de una historia compartida de sufrimiento y transformarse en un camino de reconciliación. En reuniones con representantes musulmanes y obispos, el Papa León insistió en la responsabilidad compartida de construir la paz y en la necesidad de un diálogo realista, capaz de reconocer la diversidad interna de las comunidades religiosas y de promover una inculturación auténtica.

En Angola, dirigiéndose al cuerpo diplomático, el Papa amplió su perspectiva a todo el continente africano, haciendo hincapié en los desafíos vinculados al conflicto y la división: «África necesita urgentemente superar situaciones y fenómenos de conflicto y enemistad… Solo en el encuentro florece la vida. En el principio está el diálogo». En este contexto, también recordó la enseñanza del Papa Francisco, resaltando la continuidad de su magisterio sobre el diálogo y la paz. En Guinea Ecuatorial, enfatizó valores compartidos como la formación de conciencias y la centralidad del bien común, afirmando: «En un mundo herido por la arrogancia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia», y haciéndose eco del llamamiento del Papa Francisco: «Hoy debemos decir no a una economía de exclusión y desigualdad. Esta economía mata».

En su valoración general, León XIV recordó explícitamente el legado del Papa Francisco, rememorando su compromiso con la «fraternidad universal» y el «respeto auténtico por todos los hombres y mujeres». Todo el viaje parece estar, por tanto, impregnado de varios temas unificadores: la fraternidad como fundamento de la convivencia, la condena de cualquier instrumentalización de la religión y el papel decisivo de los líderes religiosos en la mediación de conflictos. Desde esta perspectiva, las experiencias vividas en diferentes países no son aisladas, sino que emergen como una propuesta coherente y concreta para promover, en el mundo contemporáneo, un diálogo interreligioso capaz de sostener la paz, la justicia y la convivencia estable entre los pueblos.

Fuente: Vatican News

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